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IGLESIA DE NTRA. SRA. DEL PORTILLO

HISTORIA

Tiene su origen en la Reconquista, en una iglesia dedicada a la Virgen, reconstruida en estilo barroco entre 1702 y 1731 por José Borgas y Gaspar Serrano. Muy dañado durante los Sitios de Zaragoza por encontrarse en la muralla, cerca de la puerta del Portillo, el edificio actual es el resultado de reconstrucciones y restauraciones efectuadas en los siglos XIX y XX, en particular la acometida en 1827, que dio acabado a la fechada, en estilo neoclásico, por José de Yarza Miñana. En 1949 el templo fue declarado Monumento Histórico-Artístico de Interés Nacional.

El conjunto consta de tres naves, la central más ancha que las laterales, divididas en seis tramos, de los que los dos posteriores corresponden a la cabecera. A los pies del templo se añade el nártex, que integran la entrada aporticada con arco de medio punto y las dos torres bajas, lo que confiere al edificio una impresión de horizontalidad. Las naves tienen la misma altura, creando una planta de salón, y el espacio previo a la cabecera que correspondería al crucero está cubierto con una cúpula de media naranja. En la nave central, los tramos de bóveda son de medio cañón con lunetos, abiertos sobre los arcos formeros que comunican con las naves de los lados. La fábrica exterior está hecha enteramente de ladrillo caravista.

Toda la superficie arquitectónica interior, paramentos, pilares y bóvedas, está enlucida en blanco, y decorada con molduras, rocalla y follaje realizados en estuco gris en 1728. Este manto decorativo vegetal cuelga más profusamente de las pechinas de la cúpula, en las que se insertan tallas de Ester, Judith, Jahël y Débora, las cuatro mujeres fuertes de la Biblia.

El retablo mayor, obra del clasicismo manierista, fue traído del convento de Santo Domingo. De las abundantes piezas de imaginería, resulta interesante, en la capilla del Ecce Homo, una talla del siglo XVII.

La capilla de la Anunciación, convertida en Mausoleo de las Heroínas de los Sitios de Zaragoza desde el 14 de junio de 1908, custodia, en el muro derecho, los restos de Agustina Zaragoza y Doménech, Casta Álvarez Bravo y Manuela Sancho Bonafonte, y guarda la memoria de cuantas mujeres murieron en la defensa de la ciudad frente a las tropas napoleónicas entre el 15 de junio de 1808 y el 20 de febrero de 1809.

La capilla, obra del arquitecto Ricardo Magdalena, cuenta con el retablo de su advocación diseñado por el escultor Carlos Palao Ortubio y realizado por Jaime Llunch y Antonio Torres. Los relieves laterales, obra de Dionisio Lasuén y ejecución de Fructuoso Orduna, representan a las heroínas en escenas de lucha, atención a los heridos y evacuación de enfermos durante Los Sitios, destacando entre ellos la imagen de la beata Madre María Rafols.

El rey Alfonso XIII presidió el traslado de los restos de las heroína a su ubicación definitiva el 15 de junio de 1908. El 29 de octubre de dicho año, la reina Victoria Eugenia inauguró la capilla-mausoleo.

En la actualidad es la sede Canónica de la Cofradía de Ntro. Sr. en la Oración del huerto.

Del octavario de la Santísima Virgen del Portillo, compuesto por el presbítero D. Juan Francisco Pardo y Aznárez, me ha parecido interesante rescatar una parte de el, por ser este un documento histórico sobre la Virgen del Portillo, la construcción del edificio, su posterior reconstrucción y los medios que usaron para la misma, documento curioso la subasta de un caballo por 200 reales de vellón.

De la milagrosa aparición de la Santísima Virgen del Portillo, construcción, ruina y reedificación de su santo Templo            

No satisfecho el amoroso corazón de la Inmaculada Virgen y Madre de Dios María Santísima con el singularísimo favor que dispensó á Zaragoza, cuando viviendo todavía en carne mortal la visitó, para como prenda de su gran protección donarla su sagrada lmagen y venerada Columna; aun después de su admirada Asunción en cuerpo y alma á los Cielos para allí ser coronada como Emperatriz soberana de todo lo criado, quiso también ser su defensora.
En efecto, llegado el tiempo señalado por Dios para que terminase la dura prueba á que España había sido sometida soportando el ominoso yugo agareno por espacio de algunos siglos, tras denodados esfuerzos y heroicos sacrificios, logró el valeroso rey D. Alfonso 1 el Batallador conquistar á Zaragoza el día 18 de Diciembre del año 1118, (según la más común opinión) después de tributar á Dios las debidas gracias ofreciendo su corazón y su alma ante la sagrada Imagen de María Santísima del Pilar, y muy principalmente dedicando al divino culto la que entonces era Mezquita mayor y ahora conocemos con el nombre de Santo Templo Metropolitano del Salvador, cual corresponde á un verdadero y legitimo rey dio Leyes y constituyó autoridades que en su nombre las guardasen é hiciesen guardar, y ansioso de ahuyentar más y más la morisma de esta nobilísima patria, dejando convenientemente custodiada la ciudad, con el grueso del ejército marchó siguiendo la dirección del rio Ebro, y demoliendo varios castillos de los sarracenos ganó á Julia Celso, hoy Gelsa, y Velilla, con lo que por completo destruyó la dominación agarena por la parte oriental de la ciudad.
Mas los sectarios del Corán que todavía no se daban por vencidos, al tener noticia
de que el rey con la mayor parte de su victorioso ejército había salido de la ciudad, ni un instante vacilaron en hacer un esfuerzo supremo para recuperar lo que hablan perdido; á este fin, reconcentrando las fuerzas que tenían de reserva en varios puntos, con especialidad en Cariñena, Daroca, Tarazona, Calatayud y de un modo particular en el gran fuerte que poseían en el que hoy es llamado pueblo de María, con gran cautelo se dirigieron á Zaragoza y en la noche del 24 al 23 de Marzo del año 1119 (según la más prudente opinión), observando lo muy descuidados que se hallaban no sólo los habitantes, sino aun los mismos centinelas, al punto se aprestaron á abrir brecha en el muro exterior de tierra que circundaba la ciudad, y luego que ya obtuvieron un portillo de bastantes dimensiones, penetraron por él numerosos escuadrones que gozosos y alegres formaron en el campo llamado del Toro, creyendo tener asegurada la presa. Mas ¡oh prodigio! ¡oh Portento! Súbita é inesperadamente les sorprendió una refulgentisima luz que apareció en el Portillo y en medio de ella la soberana Emperatriz de cielos y tierra María Santísima, que en unión de los Mártires y Santos de la ciudad y acompañada de innumerables Ángeles venia á cumplir la solemne promesa que habla hecho al Apóstol Santiago de mirar á esta ciudad con singular predilección; tal fue la confusión y espanto que ante tan maravillosa visión experimentaron los sarracenos, que azorados huyeron, pero con tanta precipitación y tan grande tropel que sustituyendo el pavor ó la espada, (ó efecto de los dardos arrojados por los Ángeles, según algunos autores), y, de todos modos por permisión divina, el campo quedó cubierto de cadáveres.
Apercibidos los centinelas y por ellos los zaragozanos todos por los ayes y lamentos de los heridos y moribundos, la algazara de los que huian, y más que todo por la gran claridad que la celeste luz producía, con decisión y santo entusiasmo salieron á batir al enemigo; pero más bien que á luchar salieron para presenciar el prodigio, pues divisando á gran distancio la misteriosa y refulgente luz, con gran solicitud y presteza se dirigieron á ella ávidos de saber su significado, y conociendo la poderosa mano que tan visiblemente les había protegido y defendido de sus implacables enemigos, ya por lo que vieron, ya por lo que los centinelas refirieron, y muy principalmente por la pequeña y peregrina  Imagen de María Santísima, de piedra blanca ó alabastro, que con el divino niño en sus brazos, tuvieron la inefable dicha de encontrar en el Portillo, permitiendo el Señor quedara en él como perenne recuerdo é irrecusable testimonio de tan señalado favor, y que es la misma que actualmente tenemos el alto honor de venerar, poseídos de un santo entusiasmo y de la más filial y acendrada devoción, una vez más aclamaron á la Inmaculada Virgen y Madre de Dios, María Santísima, por su cariñosa Madre, singular protectora y celestial Patrona, y ávidos de venerarla y honrarla en el mismo sitio donde se habia dignado aparecer, desde luego edificaron allí un  pequeño templo donde colococaron la santa Imagen que ya entonces mismo la distinguieron con el histórico y glorioso nombre del Portillo, contribuyendo en gran manera á la obra ó edificación, el piadoso monarca D.Alfonso I, cuando, sabedor del maravilloso portento, regresó á la ciudad y patentizó el reconocimiento y gratitud que embargaba su corazón y su alma hacia la benéfica Señora, con copiosas dádivas y singulares privilegios.
Para fomentar más y más el culto y veneración de la Santísima Virgen en su sagrada Imagen del Portillo, desde muy luego de su prodigiosa aparición se instituyó una ilustre Cofradía, y más adelante un Reverendo Capitulo Eclesiástico que con la mayor solicitud han procurado y procuran llenar ampliamente su honrosa misión; y como testimonio publico de reconocimiento y gratitud, desde luego inmemorial, el ExcelentiSim0 Cabild0 Metropolitano, juntamente con el Excmo. Ayuntamiento y comisiones de los Rdos. Eclesiásticos de las Parroquias iban al histórico Santuario en solemne procesión que salía del Santo Templo Metropolitano de Nuestra Señora del Pilar el dio 25 de Marzo, y después que reverentemente saludaban á la gran Madre de Dios y benéfica defensora de esta ciudad postrándose tres veces en la plaza en que se halla situado su Santo Templo, celebraban una solemne Misa con sermón, regresando después la procesión al Santo Metropolitano Templo de donde habla salido. Esta pública demostración de gratitud con pequeños intervalos se ha celebrado siempre, y hoy ¡triste es decirlo! merced al glacial indiferentismo religioso que caracteriza é nuestra infortunada sociedad, y á causa de lo muy poco ó nada que se estiman nuestras más gloriosas tradiciones, no se ha celebrado desde el año 1860, contribuyendo en gran manera al casi general olvido en que ha caldo este tan brillante y glorioso acontecimiento de nuestra historia.
Durante algunos siglos fué difundiéndose y creciendo el amor y devoción á la Santísima Virgen del Portillo, siendo favorecido su Santo Templo con diferentes Bulas por los Sumos Pontífices, y esmerándose también en honrarle con privilegios y Reales memorias los católicos Reyes de Aragón, llegando hasta tomarlo bajo su Real Patronato el Sr. D. Pedro IV en el año 1334 y creando una plaza de Capellán Real el Católico Rey de España Sr. D. Felipe II, renovando á la vez el permiso para libremente pedir limosna en todas las provincias de la nación. Viendo después que la grande afluencia de fieles que con devoción y fervor acudían á visitar á María Santísima exigía un Templo más capaz, el día 23 de Julio del año 1702 se principió á construir otro suntuoso y magnifico que se concluyó el año 1761, contribuyendo mucho á su edificación los católicos Monarcas D. Felipe V, D. Fernando VI y D. Carl os III, que prodigaron sus limosnas y confirmaron su Real Patronato, renovando á su ‘vez la facultad de pedir limosna para el culto de su Santuario en los pueblos, villas y ciudades de la nación.
Mas á principios de este siglo, época fatal en que nuestra querida patria se vió asolada devastada por un numeroso ejército extranjero, que por doquiera pasaba sembraba la desolación y la muerte, y cuyas tristes consecuencias ó vestigios todavía lamentamos, pues á su maléfico influjo es debido el que en esta tan católica nación se haya inoculado el ponzoñoso virus del liberalismo, que es la única causa eficiente del cúmulo de infortunios y desventuras que actualmente nos abruman; también en esa época fué blanco de la ira del espíritu maligno el Sagrado Templo del Portillo, pues no satisfechos los franceses con saquearlo y profanarlo entregándose á los más repugnantes excesos del pillaje y bandolerismo, de la manera más vil y cobarde que cabe concebir, lo redujeron á escombros, salvándose como por milagro la sagrada y veneranda Imagen de María Santísima hallada en el Portillo, que contristada y devota su ilustre Cofradía trasladó al Santo Templo Metropolitano de Ntra. Sr8. del Pilar, colocándola en la Capilla del glorioso Patriarca Son Joaquín, donde permaneció con el debido culto y veneración hasta el día 25 de Julio del año 1819 en que, á impulsos del más ardiente celo y ayudada con las limosnas de los fervorosos devotos de la Señora, pudo su ilustre Cofradía trasladarla y colocarla en el altar mayor situado en una de las naves del primitivo Templo que restauró. Posteriormente, S. M. el Bey Sr. D. Fernando ‘II, que en el día 2 de Septiembre del año 1817 habla concedido permiso para celebrar rifas en favor de la reedificación del Templo, por su Real Cédula de 15 de Enero de 1827, renovó el permiso para pedir limosna en toda lo nación, y cuando en el año 1828 paso por esta ciudad acompañado de su augusta esposa la señora Dª. María Josefa Amalia de Sajonia
(Q. E. P. D.) adjudicó una limosna especial para la reedificación del Templo, el cual al presente, por lo que hace á la fábrica, felizmente se halla terminado, si bien falta mucho para decorarlo, siendo de desear que cuantos se precian de fervorosos hijos y devotos de María Santísima, y con especialidad los zaragozanos que algo estimen las glorias de la ciudad, ayuden con sus limosnas á la Ilustre y Antiquísima Cofradía que con tanta solicitud y celo procura sostener y embellecer este grandioso y tradicional monumento, que sin ningún género de duda constituye uno de los principales blasones que ennoblecen á nuestra querida ciudad. Ayudemos, pues, si, á la Ilustre Cofradía no menos que al Reverendo Capitulo Eclesiástico de la iglesia de Ntra. Sra. del Portillo á fomentar y sostener el culto y devoción de esta Gran Señora, trabajemos de continuo para restablecer la solemne procesión general del día 25 de Marzo, que tanto y tanto engrandecía á este Santuario y de una manera tan patética recordaba su glorioso y tradicional origen, visitemos con frecuencia á la Santísima Virgen del Portillo, considerando esta su sagrada Imagen como la principal de nuestra ciudad, después de la Santísima Virgen del Pilar, y estemos seguros de que como en el siglo XII nos libró del malvado Islamismo, también al presente nos librará de este horrible monstruo que constituye el malvado masonismo y demás sociedades secretas, y cobijándonos bajo su manto benéfico y maternal , nos alcanzará de su benditisimo y divino Hijo Jesús el que en el tiempo vivamos cual corresponde á hijos de una tan Santa Madre, y el que en la eternidad seamos sus felicísimos cortesanos.


 

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